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No sólo de pop vive el hombre II

por Francisco Rocha

Vivimos una época en la que el gusto está definido por la masificación (demostrado con los chorrocientos millones de gentes que vieron Titanic), son pocos los recursos de los que podemos echar mano para guarecernos del diluvio mercadotécnico.
En la columna anterior mencioné el tiempo para escuchar como un factor determinante en la definición del gusto musical. Otro punto importante es disponer del tiempo para comprar; porque, aunque usted no lo crea, los compradores tenemos derecho a escuchar los discos antes de comprarlos.

Si no escucho no compro
Una vez me comentó una amiga que un disco que había comprado le salió defectuoso.
"¿Qué no lo escuchaste antes de comprarlo?", le pregunté con los pelos de punta.
"No", me contestó muy triste, "es que estaba cerrado."
"Pero tú puedes pedir que lo abran y escucharlo antes de pagarlo, y si no te gusta o está dañado, puedes no llevártelo. "
En las principales disquerías hay aparatos destinados para escuchar los discos que recomienda el local, y que, casualmente, son los mismos que se anuncian a granel en la televisión; son títulos sin chiste, que de tan vistos, no hay necesidad de escucharlos (salvo las excepciones que confirman la regla). Algunos vendedores ponen mala cara cuando pide usted escuchar antes de comprar, pero finalmente el dinero que gasta es suyo, ¿o no?
Si puede dedicarle dos, tres horas, o incluso días, a la compra de un refrigerador o una lavadora, ¿porqué no hacer lo mismo con los discos o los libros? A estas alturas del juego, pronto los discos costarán igual que una refri. No nos podemos dar el lujo de comprar a la ligera.
Así que ya sabe, como dice la Profeco: no nomás compre por comprar y dése a la tarea de explorar, hay grupos desconocidos (poco publicitados) excelentes y todos los genios de hoy fueron alguna vez desconocidos. De usted depende descubrir y discernir.
Y como esta es la segunda y última parte de la defensa metálica, ahí van otros alicientes:

El metal no es para tranquilizar
¿Cuánta gente no argumenta que el metal la "pone de nervios", la tensa, la histeriza, que es un música muy agresiva?
¡Claro que es agresiva! A los metaleros no les interesa quedar bien con las personas o que toquen su disco en radio, son grupos contraculturales que, en la mayoría de los casos sí tienen algo que decir, de hecho la mayoría de las bandas está en contra de la violencia, y se manifiesta de la misma forma en que lo hace Kubrick en Naranja Mecánica: restregando la violencia en la cara de la sociedad que la fomenta.
Las letras describen explícitamente apañones, masacres, asesinatos, sobredosis, psicopatologías, abusos sexuales y de poder, devastaciones ecológicas y demás agresiones sociales.
El metal se propone ¡combatir el fuego con fuego!
Hay quienes se escandalizan con las portadas de los discos deathmetaleros, destripados, acuchillados, fusilados, empalados, crucificados, etc.
"Claro", exclaman con mohín disgustado, "imágenes locas para música de locos, fuchi".
Más bien, digo yo, será música de "locos" para una sociedad "cuerda", que encubre cualquier cantidad de atrocidades con tal de mantener su "apacible" apariencia.
Así como hay géneros en el cine y la literatura ... y en todas las artes, así también dentro del metal.
Hay grupos cuyos discos son historias completas de terror; a otros les interesa retomar mitologías e historias de su lugar de orígen; otros más bordan en sus letras sobre ciencia ficción, hay de todo: álbumes inspirados en películas, en el diablo, en la muerte, hay de todo y para todos. Cada tema refleja alguna inquietud multitudinaria.
Ojo, que, como en todo, hay letristas simplones pero entonces la importancia de la banda puede radicar en su música y quizá hasta en la forma en que nos la entregan.
Los discos buenos llegan a convertirse en piezas de colección. La mayoría de los grupos (me refiero a los buenos, claro) participan en todos los pasos de la producción y cuidan con sorpredente esmero todos los detalles, portada (en ocasiones verdaderas obras de arte comisionadas exprofeso a reconocidos artistas visuales), la tipografía para las letras (todo un sútil arte, como lo sabrá el buen diseñador gráfico), las fotos interiores, la presentación misma del CD, en fin.

¿La oveja negra del metal?
Therion es un grupo sueco que originalmente tocaba death metal con todas las de la ley: voces como gruñidos, ritmos de guitarra y batería tocados a la velocidad de la luz ("un, dos tres, el último paga las chelas", según mi antiguo maestro de lira). Pero la inquieta creatividad del apasionado líder, Christofer Johnsson, le inyecta al grupo una vitalidad distinta, cada vez más atrevida, más experimental en cada disco, para culminar en el álbum Theli (Nuclear Blast). Ya antes había coqueteado con sonidos corales, pero en éste -que es un lujo gregoriano escuchar- las voces en coro son la cascada musical clave del disco en su totalidad.
En Theli participan algunos de los más respetados ensembles del país germano: el coro de radio de Alemania del Norte(North German Radio Choir), el Coro de las Sirenas, y nada menos que la Orquesta Sinfónica de Brambek, tal como lo lee, ¡una organización musical de sala de conciertos participa en la grabación de un grupo metalero!
En algunas partes la orquestación está hecha con teclados y sintetizadores ya que según Johnsson cuarenta por ciento del presupuesto del disco se fue en el pago a los coros que trabajaron nueve horas de grabación, y el resto del dinero no alcanzaba para pagar a la filarmónica de Londres, así que para lograr que se escucharan veinte violines en lugar de los pocos que tiene la orquesta de Brambek, pues los samplearon. Ah, las bondades de la tecnología.
El resultado es una verdadera maravilla. El grupo creía que muchos de sus fans iba a abandonarlos después de ese disco, pero se ha vendido como pan caliente.
Hay canciones en este CD que hacen referencia directa a O Fortuna de Orff, y es precisamente la inquietud experimental de Therion lo que salva las distancias para instaurar su propio punto de vista melódico. Otra coincidencia con Orff son los temas profanos de las canciones, pues la mayor parte son letanías de deidades olvidadas de carácter lovecraftiano, en un idioma que no sé si sea inventado o sumerio pero que resulta más que perfecto para las armonías corales.
Su destreza como ejecutantes es prodigiosa. Chéquese la combinación de guitarras distorsionadas con orquesta, sopranos, tenores y bajos. Todo crea una atmósfera tan rica en matices que se sentirá en medio de un bosque metido en una fábrica. La música de este disco puede gustar igual a un adicto a la ópera (a ver, don Ricardo) como a todo eslamero de corazón. Con un pie en el metal y otro en la poesía melódica, Therion forma una nueva puerta musical para quienes buscan la experiencia fuera de serie.







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